Vuelo con easyjet más 4 noches en un hostal para mochileros... menos de 150 euros.
Cogí el autobús hasta el piazzale de Roma (sitio hasta donde llegan los vehículos) compré un mapa y me hice la tarjeta para jóvenes Venice Rolling Card que por 4 euros tiene descuentos en entradas a museos, restaurantes, vaporettos, cine... y un largo etcétera; es válida para un año.
Cuando nos levantamos y nos pusimos en marcha desayunamos al borde de un canal. Hacía un día de escándalo. Primero fuimos a visitar los museos de arqueología, correr y biblioteca marciana. Todo está en la plaza de San Marcos y la entrada te vale para 3 meses para los 3 museos y el palacio ducal.
Al día siguiente por la mañana ellos visitaron el palacio ducal, como yo había estado ya no podía volver a entrar. Aproveché para hacerle el recado a Déa, subí por la calle de la mercería pasando por Rialto hasta Strada Nova y volví. Me trataron súper bien, me hicieron descuentos, recibos, regalos, una tarjeta del sitio... geniales.
Una vez salieron los chicos del palacio fuimos caminando hasta el mismo restaurante al que fuimos al día anterior en el paseo. Comimos y nos pusimos a callejear de nuevo llegando hasta un campo donde había una pista de hielo. Al ser fin de semana había mucha más gente en la ciudad, había más movimiento. Alex y yo nos compramos un vino caliente... que bien que entró.
¿Tomamos un café? Venga. ¿Donde? Vamos a pasear y donde veamos. Pues fíjate tu que terminamos en el mismo bar que almorzamos. La tercera vez!!! Ya daba hasta cosa entrar jajajajajaj.
Esa misma noche Juanpe y sus dos compis partieron para Udine, Miki y Javi para Trieste. Desde la estación de trenes nos despedimos a lo te persigo corriendo por el andén agitando el brazo jajajajaj.
Volvimos al piazzale a recoger a Pablo. Lo llevamos a cenar y yo me quedé ya en el hostal despidiéndome de todos. Cada vez que entrábamos en la habitación encontrábamos al belga durmiendo, teníamos un cachondeo...
La última mañana dejé las llaves en recepción, Rafa, Alex, Patricia y Pablo ya habían cogido el tren. Me di una última vuelta por Venecia antes de coger el bus para el aeropuerto. Me fijé que en el piazzale hay una pantalla que indica el nivel máximo de marea que se pronostica que alcance y el que hay ahora mismo. Se nota muy bien cuando sube y baja, se aprecia muy bien en los canales.
Llegué al aeropuerto con tiempo de sobra para pasar el control, almorzar y pensar en el pedazo de encuentro internacional que habíamos hecho en Venecia. En lo silenciosa que es la ciudad, no hay coches, ni motos, ni bicis, el reparto se hace en barca o con carretas. La calma absoluta que se respira y el ambiente que te hace retroceder varios cientos de años.
Una ciudad especial, peculiar que merece la pena conocer y a la que algún día volveré.